Renée Kreis Kohnen,

Redacción editorial.

El Juzgado de lo Social número 10 de Las Palmas de Gran Canaria ha declarado improcedente el despido de una empleada cuya labor había sido sustituida parcialmente por un software de automatización. La demandante había estado trabajando como oficial de contabilidad desde 2006, hasta que el 29 de marzo 2019, recibió una carta de despido de su empleador, LOPESAN HOTEL MANAGEMENT, S.L.

Según la empresa, las previsiones negativas para el mercado turístico en Canarias constituían la causa productiva del despido. No obstante, tras comprobar que no existía una circunstancia objetiva y real de empeoramiento del sector en el momento del despido, el juez ha desestimado esta causa y ha recalcado que “todo despido debe basarse en una causa actual y en datos objetivos”. En este caso, ello no se había cumplido en tanto que el empleador se había apoyado puramente sobre “opiniones mayoritarias de empresarios” e índices que presumían el futuro.

Por otro lado, “la robotización de parte de las funciones administrativas que hasta el momento venían siendo desarrolladas por el personal” como causa organizativa y técnica, también ha sido desestimada al carecer de la prueba pericial pertinente. Esta carencia de prueba ha impedido acreditar que efectivamente, el programa era capaz de realizar en 55 segundos lo que una persona realizaba en 15 minutos, y de completar en 6 minutos lo que una persona haría en 10, tal y como había afirmado la empresa en su carta de despido.

Además de ello, el juzgador también ha aludido al voto particular de la Sentencia del Tribunal Supremo, del 31 de mayo 2006, para determinar la procedencia o improcedencia del despido en cuestión. Según este voto particular, la simple mejora de la eficiencia no podía ser la que justificase la inclinación de la balanza a favor del derecho a la libertad de empresa sobre el derecho al trabajo, e incluso sobre el interés público a favor del mantenimiento del empleo. Más bien, ha de vincularse con la situación de dificultad en la empresa, entendida como aquella que impida su buen funcionamiento. En este caso, aunque la sustitución hubiera optimizado el trabajo, no es considerada necesaria al optimizar algo que ya estaba funcionando adecuadamente. En adición, todo empleador tiene el deber de acreditar que real y efectivamente atraviesa por dificultades de cierta entidad, para cuya superación la extinción de contratos de trabajo es una medida adecuada y razonable.

En definitiva, la automatización para reducir costes y aumentar la competitividad no se considera justa causa del despido objetivo y por ello, el despido ha sido declarado improcedente.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here