¿Es posible el registro de una marca olfativa? El Tribunal Europeo nos da las claves para tener éxito #CompartirConocimiento

Para todos los que se dedican a la fabricación y distribución de perfumería es muy importante conocer qué requisitos deben reunir para que el olor de su perfume pueda ser registrado por sí mismo como una marca y así disponer de la exclusividad en el mercado que tanto se busca por los creadores de grandes marcas.

Estefanía Harana Suano, Colaboradora Editorial.
@fannylaw92

Para comenzar, debemos resaltar que para el estudio de el tema en cuestión vamos a centrarnos en la jurisprudencia europea, concretamente en el asunto C-273/00 denominado Caso Sieckmann que se remonta al año 2.002 pero que ilustra perfectamente el asunto. Pero para ello, lo primero es hacernos la siguiente pregunta: 

Según nuestra legislación comunitaria vigente, ¿cuándo podemos registrar una marca?

La Directiva de Marcas nos dice en su artículo segundo que podrán constituir marcas todos los signos que puedan ser objeto de una representación gráfica si son apropiados para distinguir los productos o servicios de una empresa de los de otras. Es decir, si nos centramos en lo dicho, al analizar el artículo podemos deducir dos requisitos esenciales para considerar que pueda registrarse una marca: la representación gráfica y la distintividad. 

Si profundizamos en las marcas olfativas no tenemos duda alguna en que pueden cumplir sin ningún tipo de problema el requisito de la distintividad pero: ¿qué sucede con el requisito de la representación gráfica? Según parece es prácticamente imposible que un perfume pueda llegar a conseguir dicho requisito y, por tanto, no poder en ningún caso llegar a registrar su marca olfativa. 

Por ello, el caso que estamos analizando realizó un análisis profundo de la importancia del requisito mencionado: la representación gráfica en el caso de las marcas olfativas. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (en adelante, TJUE) llegó a la conclusión en el caso anteriormente mencionado que a pesar de que un signo distintivo no pudiera ser percibido de manera visual sí podría ser objeto de representación gráfica y, por tanto, sí podría ser objeto de registro de marca mediante figuras, líneas o caracteres cumpliendo una serie de requisitos esenciales que son:

  • Representación clara y precisa
  • Representación completa en sí misma, accesible e inteligible
  • Representación duradera
  • Representación objetiva

Es decir, es imprescindible que la representación gráfica cumpla todos estos requisitos en el caso de no ser una representación que se pueda percibir visualmente para que se pueda considerar objeto de registro como marca. Es más, en el caso de no serlo se denegaría automáticamente la concesión de dicho registro ya que son su condición básica. Posteriormente a este caso, se produjo una modificación de la Directiva de Marcas donde se elimina claramente el requisito de representación gráfica y se establece lo siguiente:

‘’Con el fin de cumplir los objetivos del sistema de registro de marcas, consistentes en garantizar la seguridad jurídica y una buena administración, es también esencial exigir que el signo pueda representarse de una manera clara, precisa, autosuficiente, fácilmente accesible, inteligible, duradera y objetiva. Por tanto, se debe permitir que un signo que se represente de cualquier forma que se considere adecuada usando la tecnología generalmente disponible, y no necesariamente por medios gráficos, siempre que la representación ofrezca garantías satisfactorias a tal efecto’’.

Tras esta nueva normativa, ya no resulta de aplicación entonces los criterios y requisitos previamente citados de manera que a pesar de los avances sigue siendo muy complejo el registro de una marca olfativa ya que sí se sigue considerando que es obligatorio que el olor no se derive de la propia naturaleza del producto, es decir, como aromas primarias, para así cumplir ese importante criterio de la distintividad para ser considerado marca. De esta manera podemos traer a colación la denegación del registro de la marca olfativa del perfume de Chanel Nº5 que fue por este mismo motivo. 

Por tanto, muchas entidades del mundo del perfume se han decantado por la protección de su producto mediante el derecho de autor pero para ello es imprescindible el requisito de la originalidad y no siempre es sencillo demostrarlo.

En conclusión, estamos ante un tema de gran debate jurisprudencial y que, en función de las características del perfume, puede llegar o no obtenerse dicho registro de marca olfativa pero no podemos dejar de mencionar que estamos ante una cuestión de gran dificultad técnica y probatoria. 

Fuente Institucional

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