La Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Sujeto de Derecho Internacional.

Eduardo Rodríguez de Brujón y Fernández. Abogado y caballero en obediencia de la Soberana Orden Militar de Malta y miembro del Subpriorato de San Jorge y Santiago de la Orden.

 

Escribir este artículo sobre la naturaleza jurídica de la Orden como sujeto de derecho internacional para la prestigiosa revista “Economist and Iuris”, es un verdadero reto, como caballero en obediencia de la Soberana Orden Militar de Malta y miembro del Subpriorato de San Jorge y Santiago de la Orden. La pasión que la Orden suscita entre sus caballeros y voluntarios, me crea una dificultad añadida para buscar la objetividad que debe tener un artículo científico publicado en una revista profesional, pero lo hermoso del carisma religioso de nuestra Orden y su apasionante historia,  hacen que encontrar la imparcialidad, sea parte del encanto de este trabajo.

Según la página web de la Orden (), la Soberana Orden Militar de Malta “… es una de las más antiguas instituciones de la civilización occidental y cristiana. Como orden religiosa de la Iglesia católica desde 1113 y sujeto de derecho internacional, la Soberana Orden de Malta mantiene relaciones bilaterales con más de 100 Estados y con la Unión Europea, así como una misión permanente de observación ante Naciones Unidas.

Es neutra, imparcial y apolítica. Actualmente, la Orden de Malta está presente en 120 países con proyectos médicos, sociales y humanitarios en favor de los necesitados. Día tras día, sus proyectos sociales de amplio espectro ofrecen un apoyo constante a las personas olvidadas o excluidas de la sociedad.

La misión principal de la Orden es ayudar a las personas víctimas de conflictos armados y desastres naturales, ofreciendo asistencia médica, atendiendo a los refugiados y distribuyendo fármacos y material básico de supervivencia…”

La naturaleza de la Orden está expuesta en su Carta Constitucional y concretamente en el Art. 1, “Del origen y naturaleza de la Orden”. Parág. 1: La Soberana y Militar Orden Hospitalaria de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, llamada de Rodas, llamada de Malta, nacida del grupo de los Hospitalarios del Hospital de San Juan de Jerusalén, obligada por las circunstancias a añadir a los primitivos deberes asistenciales una actividad militar para la defensa de los peregrinos de Tierra Santa y de la civilización cristiana en Oriente, soberana, sucesivamente, en las islas de Rodas y luego de Malta, es una Orden religiosa seglar, tradicionalmente militar, de caballería y nobiliaria …”

En consecuencia y a tenor de su ordenamiento jurídico vigente, la Orden es religiosa laica, militar y soberana, nobiliaria y de caballería y está formada por tres clases de miembros: unos religiosos o de primera clase, con votos;  otros los de segunda clase, que siendo laicos han realizado promesa de obediencia; por último, los de tercera clase son miembros laicos que no han realizado promesa de obediencia pero que buscan, con el carisma de la orden, llegar a la perfección de la vida cristiana. Ninguno de los miembros de la Orden está obligado a mantener una convivencia conventual.

La Orden ocupa una posición sui géneris en el ámbito internacional, ya que no cuenta con un territorio determinado ni con ciudadanos no institucionales, dos condiciones clave para que su reconocimiento internacional sea indiscutible a tenor de lo establecido en la Convención sobre derechos y deberes de los estados (Séptima Conferencia Internacional Americana, Montevideo – 1933), además, en cuanto a lo que se refiere como orden religiosa, mantiene un vínculo de dependencia con la Santa Sede. Por esa razón se considera que su carácter jurídico es doble, pues su personalidad jurídica de derecho público internacional, se inscribe tanto dentro del derecho internacional, como del derecho canónico. Se le reconoce extraterritorialidad por el gobierno de la República Italiana, en el Palacio Magistral de Roma, Via Condotti y en el complejo de la Villa Magistral sito en el monte Aventino, sede de gobierno de la Soberana Orden de Malta en Roma. La Orden tiene cedido, a su vez, por el estado de la República de Malta, el Castillo del Santo Ángel en la propia Isla de Malta, donde reside permanentemente caballeros de la Orden, y donde se celebran reuniones y eventos de caballeros de todo el mundo.

Pero poder introducir a que los lectores de este artículo en la comprensión de la Orden como sujeto de derecho internacional, es necesario dar una pinceladas sobre la estructura de la Soberana Orden Militar de Malta.

La estructura de la Orden.

La Orden de Malta es una institución supranacional que, sin abandonar la defensa de los ideales cristianos, consagra sus recursos a la asistencia humanitaria y social,  en el Orbe, con espíritu cristiano.

La soberanía de la Orden es ejercida por el Príncipe y Gran Maestre, quien es su jefe supremo, y por el Soberano Consejo, el Capítulo General y el Consejo Completo de Estado. El Gran Maestre tiene a nivel honorifico, la precedencia correspondiente a un cardenal  y por tanto príncipe de la Iglesia. Además tiene la dignidad de príncipe del Sacro Romano Imperio Romano (reconocida por Austria e Italia) y  príncipe reinante en Rodas y después en Malta gozando del tratamiento de Eminencia y Alteza o de Alteza Eminentísima y es internacionalmente reconocido como el jefe de estado más antiguo al cual le corresponden honores soberanos. Es elegido entre los caballeros de Justicia (con votos religiosos) y su mandato es vitalicio. Gobierna la Orden asistido por el Soberano Consejo, presidido por él  y constituido por cuatro altos dignatarios (el Gran Comendador, el Gran Canciller, el Hospitalario y el Recibidor del Tesoro Común), cuatro consejeros y dos consejeros suplentes, todos ellos elegidos por el Capítulo General entre los caballeros profesos o, excepcionalmente, entre los caballeros en obediencia.

 

El Capítulo General es la Asamblea Suprema de Caballeros, que se reúne normalmente cada cinco años y elige a los miembros del Soberano Consejo, mientras que el Consejo Completo de Estado es convocado con la finalidad de elegir al gran Maestre o al Lugarteniente.

Tanto el Capítulo General como el Consejo Completo de Estado incluyen representantes de los Grandes Prioratos, Prioratos, Subprioratos y Asociaciones Nacionales, organismos en los que se divide la Orden en los diversos países del mundo. Cada organismo se estructura interiormente de un modo distinto y estos pueden constituir delegaciones dentro de su territorio. Además, en cada Estado la Orden tiene sus propios organismos y fundaciones, conforme a la legislación de cada nación.

El Sumo Pontífice nombra como su representante a un cardenal de la Iglesia Católica Romana, quien tiene título de “Cardinalis Patronus”, este último es asistido por el Prelado de la Orden, también designado por el Sumo Pontífice.

La vida y la actividad de la Orden están regidas por la Carta Constitucional y el Código, promulgados en fecha de 27 de junio de 1961 y reformados por el Capítulo General Extraordinario del 28 al 30 d abril de 1997, aprobados por la Santa Sede; subsidiariamente por las leyes canónicas, las disposiciones legislativas según el art. 15, parág. 2, letra a) de la Carta Constitucional;  los acuerdos internacionales ratificados según el art. 15 del parág. 2, letra b) de la Carta Constitucional; las tradiciones de la Orden, las costumbres, privilegios y por  el Código de Rohan, promulgado por el gran maestre frey Emmanuel de Rohan-Polduc en el año 1782, editado en la imprenta del Palacio de S.A.E. por Fra Giovanni Mallia, en la isla de Malta.

Los asuntos jurídicos que interesan a la Orden son considerados por un órgano técnico-consultivo llamado Consejo Jurídico, designado por el Gran Maestre con el consentimiento del Soberano Consejo.

La Orden Militar de Malta, tiene sus propios Tribunales de Primera Instancia y Apelación. Las apelaciones contra las sentencias de segundo grado de los tribunales de la Orden pueden presentarse ante el Tribunal de Casación del Estado de la Ciudad del Vaticano, que en dichos casos actúa por delegación de la Orden y hace las veces de Tribunal Supremo.

La Soberana Orden, mantiene relaciones diplomáticas según el Derecho Público Internacional con la Santa Sede, de la cual depende en cuanto es una orden religiosa católica, pero es independiente de la misma en cuanto es una Orden caballeresca soberana y mantiene abiertas embajadas y legaciones diplomáticas con 108 estados de Europa, América, Asia y África (datos de abril de 2019), entre los que se encuentra el Reino de España.

La Orden, a su vez,  acredita representantes o delegados, a modo de embajadores, en Estados Unidos, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Principado de Mónaco, Alemania, Confederación Helvética y la Comisión Europea. Desde 1994, la Orden disfruta de la calidad de Observador Permanente ante las Naciones Unidas y del Consejo de Europa y en dicha calidad mantiene delegaciones permanentes en Nueva York, Ginebra, París, Roma y Viena.

 

El “status” de la Orden en el Derecho Internacional.

La Orden de Malta se presenta con una plena personalidad de derecho internacional. Esta personalidad ha quedado demostrada a lo largo de su historia por ser poseedora del un derecho de legación activo y pasivo, es decir, lo que se conoce en diplomacia como “ius legationis”, y “ius contrahendi”, además de emitir pasaportes, sellos y acuñar moneda, lo que representa el indiscutible ejercicio de su soberanía y la autonomía de gestión en el campo internacional. Su personalidad jurídica en el ámbito del derecho público, se estable también por las prerrogativas de las que goza el Gran Maestre, tales como el “ius honoris” y el “ius nobilitatis”, por los órganos de representación externa, por la existencia de una organización interna que da vida a las personas jurídicas reconocidas a la par por otras personas jurídicas extranjeras, por la existencia de una jurisdicción propia alternativa a la territorial o de pertenencia y por el poder de conferir condecoraciones y nombrar caballeros. .

La Orden, se presenta como independiente de cualquier otro estado. No es una organización ni una institución intergubernamental, actúa como un estado soberano y es recíprocamente reconocida como un estado por los otros estados. Ha afirmado, en las constituciones que ha tenido a lo largo de su existencia, su propia cualidad soberana, afirmación de gran importancia para evaluar la independencia y la soberanía.

La comunidad internacional, a través del comportamiento de los estados para con la Orden, ha reconocido su derecho de legación activa y pasiva. Pocas dudas se presentan en el período anterior a 1798, cuando la Orden ejercía la soberanía territorial en Malta e islas vecinas.

El problema se presenta en el siglo XIX, la etapa más difícil en las relaciones internacionales de la Orden, dado que la Santa Sede mantenía la vacante del Gran Magisterio (1805-1879), período en que la Orden fue regida por lugartenientes. Sin embargo, el estudio de las relaciones internacionales en ese tiempo, demuestra que la pérdida de la posesión del archipiélago maltés por la invasión napoleónica y la posterior traición de los ingleses, no devolviendo la isla de Malta a la Orden e incumpliendo el tratado de Amiens de 1802 (¿nos suena de algo a los españoles la actitud inglesa?), no afectó el derecho de legación activa y pasiva correspondiente a la Orden, lo cual es jurídicamente importante a fin de comprobar la absoluta continuidad de su “status” internacional, independientemente de la posesión territorial del archipiélago maltes.

Se puede decir que existe una continuidad entre la Orden tal y como es hoy en día, (como se estructura actualmente y como es reconocida por la comunidad internacional) y como era la Orden en el momento de ejercer poderes derivados de la soberanía territorial sobre la isla de Malta.

Las únicas diferencias, obviamente, son la ausencia de territorio y de ciudadanos; pero al respecto se debe reiterar, que esta condición no constituye una limitación de las características peculiares del ente jurídico de derecho público internacional, tal como nació y se ha desarrollado en el tiempo, porque el ejercicio de la soberanía territorial no constituía, como tampoco lo constituye en el día hoy, uno de los fines de la Orden ni esta ha tenido necesidad de tener una base territorial para ejercer su soberanía. Ese ejercicio de soberanía territorial, sólo fue un medio para conseguir sus objetivos, de naturaleza religiosa, espiritual y hospitalaria.

Actualmente, la Orden ocupa su propio espacio en el ámbito de la comunidad internacional, el cual no es distinto al de otros entes, contribuyendo, como ellos, a formar reglas consuetudinarias, cuyo monopolio no es exclusivo de los estados

Sin embargo, es innegable que la ausencia de territorio priva a la Orden de cierta independencia. Esta peculiar situación se puede explicar por la gradualidad con la que los estados acceden al reconocimiento diplomático de la Orden, gradualidad que es similar a la que se manifiesta por la comunidad internacional, con los estados de creación reciente o no muy estables, pero ello no tiene ninguna contradicción a la hora de analizar la naturaleza jurídica de la Orden, a menos que se quiera atribuir al elemento territorial, un peso condicionante que ya no posee en el derecho internacional público. Pero más que la soberanía sobre un territorio, es necesario tener en cuenta la importancia que supone, en derecho internacional, el  reconocimiento de la Orden como soberana, por parte de  otros estados.

La continuidad de relaciones que la Orden de Malta, como ente soberano, desarrolla en el ámbito internacional y diplomático, ha sido mantenida durante el siglo XIX, cuando la comunidad internacional de esa época no reconocía entes soberanos distintos a los estados y la misma doctrina internacional vigente en ese momento, excluía la existencia de ordenamientos reguladores de las relaciones jurídicas fuera de los estatales. Esta continuidad de la Orden como soberana, ha hecho que sea reconocida como sujeto de derecho internacional, sin que sea discutido este estatus por los especialistas en esta rama del derecho ni por la diplomacia internacional.

Fue precisamente, la independencia siempre reafirmada de su organización interna, el título que legitimó la persistente personalidad jurídica internacional de la Orden, aunque con las peculiaridades que se derivan de la ausencia de un territorio en soberanía, así como la relación particular que la Orden ha mantenido desde siempre con la Santa Sede. Con estas características inéditas para el derecho internacional acerca de su personalidad jurídica, la Orden anticipó el fenómeno del reconocimiento de entes no estatales, como sujetos de derecho público internacional distinto a los estados.

 

En el siglo XX  y a comienzo de este siglo XXI, aumentó el número de estados con los cuales la Orden mantiene relaciones diplomáticas. Sin duda, los gobiernos apreciaron su obra durante la primera guerra mundial, donde la Orden llegó a contar con cuatro trenes hospital con los que transportó 448.000 bajas, realizando cerca de 650 viajes, con un recorrido de 560.000 Km. En la segunda guerra mundial, la Orden también volvió a ser movilizada por el Gran Magisterio en 1940 y desplegó múltiples hospitales de campaña y 19 hospitales fijos. Los trenes hospitales de la Orden volvieron a ser decisivos en el traslado de los enfermos y heridos y desempeñaron una impresionante labor hospitalaria en las campañas de Grecia, Albania y Yugoslavia. Es de tener en cuenta la heroica actuación de la Orden en el frente ruso, apoyando al cuerpo expedicionario italiano, evacuando a 2.552 soldados heridos de guerra. De las acciones más espectaculares que la Orden tuvo en esa contienda, destaca el salvamento de 900 soldados italianos, en plena retirada, cuando se encontraban al borde de perecer en medio de una terrible tormenta de nieve.

La Orden también dispuso de una fuerza aérea de transporte como consecuencia del tratado de paz firmado en fecha de 17 de febrero de 1947 entre Italia y las potencias vencedoras de la II guerra mundial, Como consecuencia de ese tratado, la Aeronáutica Militar Italiana se vio obligada a desguazar una parte de sus aviones y el nuevo gobierno italiano decidió entregar 36 Saboia-Mar-Chetti 82 a la Orden, para evitar su destrucción. Esos aviones, con la cruz octogonal de la Orden en el fuselaje, estuvieron operando hasta 1956, participando en diversas operaciones de ayuda humanitaria, la última de las cuales fue con motivo del terremoto en Agadir (Marruecos) de 1956.

No podemos olvidar la actuación de la Orden, concretamente del Malteser alemán y austriaco (cuerpo de voluntarios) en las crisis humanitarias que se crearon en Hungría, (año 1956) y en la Republica de Checoslovaquia en el año 1968, naciones que fueron invadidas por el ejército soviético ruso tras las revueltas anticomunistas de Budapest y Praga, que dieron lugar a la atención, en campos de refugiados, de las personas que huían de los regímenes comunistas instalados tras el Telón de Acero. La Orden, ha mantenido durante el siglo XX y XXI, su lucha contra los desastres naturales en Asía, y las enfermedades y el hambre, especialmente en África y en el Centro-Sur de América.

A este reconocimiento por parte de la comunidad internacional, sirve como apoyo jurídico la estructura supranacional de la Soberana Orden Militar de Malta, la cual queda remarcada por la existencia de organismos periféricos de la Orden que actúan en el ámbito de los territorios nacionales en los cuales los caballeros están presentes.

Este ejercicio permanente de su soberanía a nivel internacional y de la independencia de su organización interna, la neutralidad de la Orden ante los conflictos internacionales guiada por su carisma religioso y su perfil inequívocamente hospitalario, sin alineación a bloques militares o políticos, ha hecho que los estados reconozcan a la Orden como un ente soberano, (aun en ausencia de base territorial), porque han comprendido que el pleno reconocimiento del “status” internacional de la Orden como estado y el consecuente establecimiento de relaciones diplomáticas normales con la Soberana Orden Militar de Malta, es un instrumento indispensable para que cumpla su misión humanitaria en el mundo.

De la soberanía interna de la Orden de Malta.

Sus principios fundacionales y su carisma están perfectamente descritos en el lema de la Orden: “Tuitio Fidei et Obsequium Pauperum”  (Defensa de la Fe y cuidado de los pobres).

La soberanía de la Orden de Malta es una realidad histórica, social y política. La Orden es soberana tanto en las relaciones internacionales, como en su propio ordenamiento interno. Si se revisan las características doctrinales que determinan la soberanía interna de los estados, se evidencia que todas estas características, están presentes en la Soberana Orden Militar de Malta.

La primera de ellas, es la existencia de un poder de gobierno que no deriva de ningún otro poder “superiorem non recognoscens”. En el caso de la Orden de Malta, este poder no se impone por la fuerza a sus súbditos, a diferencia del resto de los estados. Las normas plasmadas en la Carta Constitucional y en el Código, no son todas formalmente jurídicas, es decir, sus artículos y parágrafos han seguido un riguroso proceso de evolución histórica y han sido aprobados, promulgados y publicados por los propios caballeros formados en capitulo general y tanto en la Carta Constitucional como en el Código, aparecen disposiciones que en si mismas, carecen en absoluto de contenido jurídico. Se trata de normas que no son imperativas y contienen manifestaciones de carácter religioso, consejos o recomendaciones para sus miembros.

Teniendo la Orden como fin promover la mayor Gloria de Dios mediante la santificación de sus caballeros y personal voluntario, al servicio de la Cristiandad, de la Santa Sede y de la ayuda al prójimo, no puede existir coercibilidad externa para hacer cumplir por la fuerza las normas que la rigen a sus súbditos, como sucede en los demás estados, sino que los miembros de la Orden, con disciplina militar y obediencia religiosa, aceptan el ordenamiento jurídico de la Orden, sin conflicto.

La segunda característica que determina la soberanía interna de los estados, es la existencia de un sistema de normas jurídicas que tiene en sí mismo su propia justificación. La Orden de Malta tiene un complejo sistema jurídico propio representado por la Carta Constitucional, por el Código, por las otras normas y tradiciones, que regula la organización interna de la Orden, el funcionamiento de sus instituciones, los derechos y los deberes de sus miembros, en relación a las relaciones jurídicas que se constituyen como consecuencia de su pertenencia a la Orden. En resumen, la Orden de Malta tiene un ordenamiento jurídico originario que determina su desarrollo como estado.

La tercera característica que determina la soberanía interna de la Orden como estado, es la existencia de un poder judicial independiente a cualquier potencia extranjera, que decide la aplicación de las normas del ordenamiento de la Orden en caso de controversia. La Soberana Orden de Malta tiene un poder judicial constituido por los tribunales magistrales. Estos tribunales ejercitan, según el Código, “… la función jurisdiccional de primera instancia y de apelación. Los presidentes, jueces y el canciller son nombrados por el Gran Maestre, previa deliberación del Soberano Consejo, entre los miembros de la Orden expertos en Derecho. Los procedimientos judiciales, salvo las directivas fijadas por el Código, están sujetos al Procedimiento Civil del Estado de la Ciudad del Vaticano. Los Tribunales Magistrales, por otra parte, a requerimiento escrito de estados o entes de Derecho Internacional, pueden asumir funciones de árbitros en casos de controversia Internacional…”

En base a esta soberanía interna, la Orden mantiene relaciones políticas y jurídicas con una buena parte de los estados reconocidos por la O.N.U y cumple y ha cumplido, un papel en la comunidad internacional con plena autonomía, ejerciendo un poder legal sobre los miembros de la Orden.

Relaciones internacionales peculiares que mantiene la Orden, con la Republica de Italia y la Santa Sede.

Podría ser este asunto digno, en sí mismo, del temario para escribir una tesis doctoral que diera lugar a cientos de páginas, pero aun sabiendas que la Orden mantiene relaciones diplomáticas con 108 estados y con numerosas entidades supranacionales, son dignas de remarcar para este artículo, las relaciones que la Orden mantiene con la República Italiana y con la Santa Sede. La relación que la Orden mantiene con España, y con otros 108 naciones soberanas en el mundo, será tratado en otro trabajo, dado el interés que suscita, su complejidad jurídica y su extensa historia.

Las relaciones del Estado Italiano con la Orden.

Para la entender la posición internacional de la Orden de Malta en el contexto internacional, es de gran importancia conocer la postura del Estado Italiano para con la Orden, en cuyo territorio desde 1870, el Gran Magisterio de la Orden tiene su sede. En relación a la soberanía de la Orden de Malta, Italia sería el estado que tendría mayor interés en contestar esta soberanía, porque del  reconocimiento de su soberanía por el Estado Italiano, derivan inevitables limitaciones a la propia soberanía italiana (la extraterritorialidad del Palacio de Via Condotti y de la Villa del Aventino, en Roma, donde tienen su residencia el Gran Maestre y los órganos centrales de la Orden).

Las relaciones entre la Orden de Malta e Italia, vienen de largo, concretamente desde que unos comerciantes amalfitanos fundaron en Jerusalén un hospital para peregrinos en el año 1048. Con la existencia de los Estados Pontificios y la pertenencia del Ducado de Milán, de los Presidios de Toscana, del Marquesado de Finale y de los reinos de Nápoles, Sicilia y Cerdeña a la Corona Española, la relación de la Orden con los estados y reinos que ocupaban la península italiana, se caracterizó por la ausencia de conflictos diplomáticos. Pero con la perdida de esos territorios por parte de la Monarquía Hispánica y de la nueva casa de Borbón reinante en España a consecuencia del tratado de Utrech, comenzaron los conflictos diplomáticos en la península italiana entre los estados que allí cohabitaban y, por ende, con la Orden de Malta. Las relaciones entre la Orden y el Reino de las Dos Sicilias fueron interrumpidas en 1798 después de siglos de vigencia y restablecidas durante breves períodos a principios del siglo XIX y después de su restablecimiento temporal, fueron nuevamente interrumpidas. Sin embargo, la Orden, tras perder la soberanía sobre la isla de Malta y establecer su sede en Roma, inicio nuevas relaciones diplomáticas con los estados con los que no mantenía  relaciones diplomáticas antes de 1798, fecha de la pérdida de la posesión por parte de la Orden de su territorio soberano en el archipiélago maltes. En 1844 se aperturó una legación diplomática en el Ducado de Módena y Reggio. Al año siguiente se estableció otra legación en el Ducado de Parma y Piacenza. Ambas legaciones desaparecieron, sólo cuando los ducados fueron anexionados al Reino de Cerdeña en el año1860.

Desde la constitución del Reino de Italia (1861) y antes de su unión a Roma (1870), la soberanía de la Orden es reconocida por el Estado Italiano. Una comisión gubernamental de estudio sobre las órdenes caballerescas existentes en los distintos estados italianos, concluyó en 1868 que: “la Orden de Malta, en lo que al derecho público europeo se refiere, no ha cesado de ser soberana”.

La cuestión surgió después, a propósito de la aplicación del decreto de 7 de julio de 1866 (en vigor hasta que en 1929 se suscribe el Concordato entre el nuevo Reino de Italia y la Santa Sede) que suprimía “las órdenes, las corporaciones y las congregaciones religiosas”. Por decisión del Consejo de Estado de 2 de agosto de 1869, la aplicación de este decreto a la Orden de Malta es excluida en consideración de su particular naturaleza jurídica. El 20 de febrero de 1884 se firmó con el Reino de Italia la “Convención sobre la cooperación de la Asociación de los caballeros Italianos de la Soberana Orden Militar de Malta al servicio sanitario militar en guerra”.

Es de trascendencia esencial, para conocer la relación entre la Orden de Malta, la Santa Sede y el Estado Italiano, reseñar el Tratado de Letrán de fecha 11 de febrero de 1929, que entre otros acuerdos, proporcionó el reconocimiento mutuo entre el entonces Reino de Italia y la Santa Sede y  fue negociado entre el Cardenal y Secretario de Estado Pietro Gasparri, en nombre de la Santa Sede siendo Papa Pio XI y Benito Mussolini, primer ministro italiano, en nombre del rey de Italia. Este tratado supuso la independencia política de la Santa Sede del Reino de Italia, como estado soberano, así como el restablecimiento pleno de las relaciones entre los representantes de Italia y de la Iglesia católica, rotas desde 1870. Como consecuencia de Tratado de Letrán y por decreto del 28 de noviembre de 1929, Vittorio Emanuele III emana un Regio decreto conteniendo normas relativas al tratamiento de la Orden de Malta acerca de las precedencias, no existiendo todavía relaciones diplomáticas entre Italia y la Orden, en el cual se establece que: 1) Se concede al Gran Maestre los honores debidos a los cardenales y ocupa el lugar inmediato después de ellos. 2) La representación del Gran Magisterio sigue inmediatamente al cuerpo diplomático extranjero. 3) Se concede el tratamiento de “Excelencia” a los bailíos de justicia.

Durante la permanencia de Mussolini como primer ministro italiano, las relaciones entre el Reino de Italia y la Orden de Malta fueron excelentes, siendo nombrado Mussolini  caballero de la Orden en agradecimiento a los servicios prestados a la Iglesia Católica y a la Orden de Malta por parte de Benito Mussolini, los cuales dieron lugar a la firma del Tratado de Letrán, que devolvía a la Santa Sede, como territorio independiente del Reino de Italia, la Ciudad del Vaticano y el castillo del Santo Ángel de Roma y recuperaba y restauraba para la Orden de Malta, la ciudad de Rodas y sus murallas, los castillos, baluartes y el palacio del Gran Maestre construido en esa ciudad por los caballeros que se establecieron en la isla de Rodas desde 1310 hasta 1522, fecha en que la Orden abandono la isla, tras seis meses de asedio por parte de un ejercito de 200.000 musulmanes comandados por Solimán el Magnifico.

A su vez, el carácter internacional de la Orden y su soberanía son reconocidos explícitamente por la Corte Suprema de Casación de la República Italiana en diversas sentencias desde 1913 en adelante. En esas sentencias se crea la doctrina que es repetida en todas y cada una de ellas, que la Corte Suprema ha observado que:

“la Soberana Orden Militar Hospitalaria de Malta constituye un sujeto internacional soberano, en todo equiparado, aunque privado de territorio, a un estado extranjero, con el cual Italia sostiene relaciones diplomáticas, de modo que no hay dudas, como ya esta Corte de Casación ha advertido, que a ella compete el tratamiento jurídico relativo a los estados extranjeros y por tanto también la exención jurisdiccional en los límites ya indicados, es decir, a la actividad concerniente a la consecución de sus fines públicos.”

Después del armisticio de 1943 entre Italia y las potencias aliadas, las autoridades anglo-americanas, que limitaron la soberanía italiana hasta 1947, respetaron escrupulosamente la soberanía de la Orden. Después de la Segunda Guerra Mundial los tribunales italianos han reiterado la soberanía de la Orden, extrayendo de este reconocimiento todas las consecuencias jurídicas. Así el Tribunal de Roma, por sentencia de junio de 1947, sostuvo que la Orden debía ser equiparada a los estados extranjeros para la exención de los actos ejecutivos. En 1948 el Ministro de Relaciones Exteriores daba disposiciones a la Prefectura de Roma para que al Gran Maestre fuese reservado, en cada circunstancia, el tratamiento y la dignidad prevista para los soberanos extranjeros. En 1956 la Republica Italiana y la Orden decidieron establecer plenas relaciones diplomáticas. El restablecimiento de esas relaciones diplomáticas entre los dos estados, consistió, simplemente, en asumir por ambas partes las consecuencias de una situación de hecho y de derecho bien definidas y consolidadas entre ambos estados soberanos.

Mediante un intercambio de notas diplomáticas, el 11 de enero de 1960, Italia reconoce formalmente a la Orden las “immunità diplomatiche” a las sedes propiedad de la Orden en Roma, Villa del Aventino y Palacio Magistral, “nelle quali si esercitano attualmente le prerogative della sua sovranità”. En el acuerdo se restablecían las relaciones diplomáticas entre las dos partes, mediante la constitución de las oportunas legaciones regidas por jefes de misión con categoría de ministros plenipotenciarios. Se estableció una convención entre la Soberana Orden de Malta y la República Italiana en fecha de 11 de enero de 1960, la cual fue firmada en Roma. Además de esta convención, existen otra de naturaleza cuasi-internacional, estipuladas entre el Estado Italiano representado por el Ministerio de la Guerra y la Asociación de Caballeros Italianos de la Soberana Orden Militar de Malta, que actúa en la citada convención, como sujeto internacional perteneciente a una organización territorial de la soberna Orden Militar de Malta, en la cual se estableció cuestiones concernientes a la institución y funcionamiento de un cuerpo militar, organizado y dependiente de la Asociación de Caballeros Italianos de la Soberana Orden Militar de Malta, pero enmarcado dentro de las Fuerzas Armadas Italianas, con funciones de asistencia en guerra y en paz, análogas a las de la Cruz Roja Italiana.

El 28 de enero de 1991, el Gran Canciller de la Soberana Orden Militar de Malta, suscribió con el Ministro para la Protección Civil de la República Italiana “un acuerdo internacional en materia de asistencia para los casos de graves emergencias provocadas por acontecimientos naturales o debidas a la actividad humana”. Las cláusulas del acuerdo prevén, tanto por parte de la Soberana Orden Militar de Malta, como de la República Italiana, intervenciones de asistencia mediante sus propias estructuras institucionales, y ello tanto en territorio italiano como a favor de un país tercero.

Vale recordar que los representantes melitenses acreditados ante los estados donde tienen representación diplomática o embajada, gozan de inmunidades y privilegios en su calidad de funcionarios diplomáticos con el rango de embajador o ministro plenipotenciario.

Las sedes de la Orden gozan de extraterritorialidad diplomática (en su interior no pueden cumplirse actos autoritarios de ninguna índole por parte del Estado Italiano pero, además de ello, el Estado Italiano reconoce el ejercicio, en las sedes de la Orden, de las prerrogativas de soberanía. Ello significa que la soberanía italiana y la soberanía melitense coexisten sin sobreponerse, porque la Orden ejerce funciones soberanas en una esfera más amplia de la que se produce en las sedes diplomáticas de los estados que, aunque gozan de la extraterritorialidad, ven limitada a la esfera puramente administrativa las garantías derivadas del privilegio de la inmunidad; la Orden, en cambio, se vale de la extraterritorialidad para cumplir los propios actos de autodeterminación soberana que son los propios de los estados (actos legislativos, judiciales, administrativos, financieros).

No existe entre la Orden de Malta y el Estado Italiano, en cuanto territorio, la neta separación de esferas soberanas que existe entre el Estado Italiano y el Estado de la Ciudad del Vaticano, pero tampoco puede decirse que el tratamiento reservado a las sedes de la Orden (Aventino, Via Condotti) sea simplemente, el reservado a las sedes de las misiones diplomáticas acreditadas ante el Estado Italiano.

 

Relaciones con la Santa Sede.

Como se ha visto, la particularidad de la posición que ocupa la Orden en el ámbito internacional se debe, por una parte a la ausencia de un territorio y de ciudadanos no institucionales y por la otra, al vínculo de dependencia de la Orden en relación  a la Santa Sede, a causa de las relaciones subsistentes entre el ordenamiento canónico y el ordenamiento melitense.  De hecho, pueden evidenciarse vínculos especiales entre el ordenamiento de la Orden y ordenamiento canónico, a causa de la decisión de los caballeros de imponerse una regla religiosa y colocarse bajo la protección del Papa.

Las Cartas Apostólicas “Intern illustra” de S.S. Benedicto XIV de fecha  12 de marzo de 1753, declararon a la Orden sujeta a la protección de la Sede Apostólica e inmune a cualquier otra jurisdicción. Por tanto, la Orden de Malta tiene una doble personalidad jurídica: en el derecho internacional y en el derecho canónico.

La Santa Sede confirmó las más importantes fuentes de derecho de la Orden: la Carta Constitucional y el Código melitense. Además, el Vaticano tutela la ortodoxia religiosa de la Orden, así como también aprueba o ratifica la elección del Gran Maestre y de un eventual Lugarteniente de Gran Maestre, por ser un religioso, como ocurría en el pasado y como está previsto en la Carta Constitucional de la Orden. La soberanía de la Orden indujo a la Santa Sede a atribuirle, desde el punto de vista canónico, una posición especial respecto a la disciplina jurídica de otras órdenes religiosas.

Esta tutoría en lo referente a los actos de carácter religioso de la Orden por parte del Vaticano, no tiene carácter constitutivo sino de ratificación y no disminuyen la autodeterminación de la Orden, porque son conformes a las relaciones tradicionales que se instauraron por la Orden con la Iglesia desde que la Soberana Orden de Malta, asumió las características de una “Religión”. Se debe considerar que estando la organización melitense centrada -hasta el siglo XIX- exclusivamente en torno a los caballeros profesos (De primera clase), la necesidad de intervenciones de la Santa Sede era más neta que en la actualidad.

El vínculo de la Orden con el Vaticano, deriva de la existencia de caballeros de justicia, con votos religiosos y capellanes conventuales, que son sacerdotes ordenados. Es evidente, que para todo lo que no se refiere al perfil religioso de la asunción de los votos, el ordenamiento melitense está desvinculado del canónico, así como que únicamente dependen de la Santa Sede los caballeros de la primera clase en los límites y en lo que concierne a la profesión de votos y los de segunda clase, por la promesa, al estar incluidas ambas clases en “Gremio Religionis”.

La Constitución y el Código de la Orden, comprenden numerosas normas de Derecho Canónico, las cuales, disciplinan las obligaciones de naturaleza religiosa de los miembros de la Orden y especialmente de los caballeros de justicia que prestan votos.

El nexo entre la Santa Sede y la Soberana Orden Militar de Malta, incluye una amplia autonomía de la Orden, dentro de la cual, la Orden tiene la posibilidad de autodeterminarse como soberana, presentándose soberana en sus relaciones con otros estados, en cumplimiento de sus propios fines institucionales. En las relaciones internacionales, la Orden no actúa en nombre e interés de la Santa Sede, pero es cierto que la relación de dependencia se presenta al exterior bajo la forma de “protección”, como varias circunstancias históricas lo demuestran.

Esta situación de “dependencia”, o de presuntas limitaciones a la soberanía de la Orden, no se deriva ni del derecho melitense ni del derecho internacional, sino que tiene su origen en la naturaleza de la Soberana Orden de Malta, como orden religiosa, por los votos profesados por los más altos dignatarios de la Orden  y por el cumplimiento de su carisma religioso.

Es de hacer notar, que esta peculiaridad de la Orden en relación con otras órdenes católicas, hace que el Gran Maestre de la Orden de Malta sea el único entre los jefes de las órdenes religiosas que tiene derecho al título de Eminencia y a los honores de los cardenales, como consecuencia de la decisión de concedérselos por parte del papa Urbano VIII, pero también, en su aspecto de orden religiosa, la Orden goza de una posición particular diversa de la de otras órdenes religiosas y tanto es así que incluso ese aspecto religioso es regulado para la Orden de Malta por las propias normas jurídicas (Carta Constitucional y Código) y sólo en vía supletoria y cuanto éstas lo establecen, por el Derecho Canónico.

Si se estudian las incidencias que la naturaleza religiosa de la Orden tiene sobre su soberanía, se ha de notar que tal soberanía nunca ha sido puesta en discusión por la Santa Sede y que más bien, ha sido reafirmada en las formas más solemnes por el Vaticano. La Santa Sede aceptó una representación diplomática de la Orden hasta el año 1834 y desde 1930 en adelante; en el período intermedio las relaciones diplomáticas fueron suspendidas simplemente porque, teniendo el Gran Magisterio su sede en Roma, pareció inútil a la Santa Sede,  la existencia de una legación diplomática de la Orden, en la misma ciudad de Roma.

El 30 de octubre de 1921 el cardenal Pietro Gasparri, en su calidad de Secretario de Estado, declaraba que: “…La Santa Sede reconoce como orden internacional independiente con privilegios soberanos a la Orden de Malta…”.

La Orden no puede ser confundida con una orden religioso-monástica, sea por la presencia de miembros laicos, sea por la ausencia de la obligación de la vida en común que constituye una de las más típicas características monásticas. Al respecto, vale recordar que en diciembre de 1951 surgió una controversia que se originó en la pretensión de la Sagrada Convención de los Religiosos de controlar e investigar la institución de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, como una orden religiosa común. Ante esa circunstancia el Gran Maestre Fra Ludovico Chigi Albani della Rovere (1931-1951) se valió de antiguas prerrogativas que afirmaban el privilegio de la Orden de no reconocer “otro Obispo por superior que no fuese el Romano Pontífice” y presentó una instancia directamente al Papa solicitando un juicio, que fue realizado por un tribunal cardenalicio especial instituido por Pio XII.

En la sentencia del 24 de enero de 1953 fueron definidas las relaciones entre la Santa Sede y la Orden y determinadas las características de “soberano” y de “religioso” así como los respectivos ámbitos de competencia. Sobre la “Naturaleza de la calidad de orden religiosa de la Orden” la sentencia afirmó que: “la Orden Jerosomilitana de Malta, en cuanto compuesta por los Caballeros y los Capellanes, es una Religión y más precisamente una orden religiosa, aprobada por la Santa Sede”; afirmó además que “las condecoraciones de la Orden y de sus asociaciones dependen de ella …”

El 12 de marzo de 1953, por medio del Lugarteniente del Gran Maestre, Fra Antonio Hercolani-Fava-Simonetti (1951-1955) la Orden comunicó a la Secretaría de Estado del Vaticano, por vía diplomática, la aceptación de la sentencia de fecha 24 de enero de 1953 “condicionada” a la aceptación de una “interpretación específica” en tres puntos, de los cuales el segundo de los puntos afirmaba que “la naturaleza religiosa de la Orden se limita a los Caballeros profesos y a los Capellanes que la componen”, y que la sentencia excluía cualquier injerencia de la Secretaría de Estado en la actividad diplomática de la Orden. La Santa Sede, siempre por vía diplomática, comunicó a la Orden “haber tomado nota”.

En el leguaje diplomático, “El tomar nota”, sin rechazar o contradecir la interpretación propuesta, significa el perfeccionamiento “de un acuerdo internacional interpretativo, alcanzado por las partes interesadas, sobre algunos puntos controversiales, fijándose definitivamente una posición”.

A parte de esta sentencia y de la contestación de la Santa Sede, las reafirmaciones más solemnes de la soberanía de la Orden de Malta, están contenidas en la Carta Constitucional aprobada por S.S. Juan XXIII el 24-6-1961. El art. 1 afirma que: “la Orden es persona jurídica solemnemente aprobada por la Santa Sede. Goza de la calidad de sujeto de derecho internacional”.

El art. 3 de la Carta Constitucional precisa que: “la íntima conexión existente entre las dos calidades de orden religioso y de orden soberano no se opone a la autonomía de la orden en el ejercicio de su soberanía y de las prerrogativas a ella inherentes como sujeto de derecho internacional con relación a los Estados.” La Carta Constitucional prevé también, una representación diplomática de la Orden ante la Santa Sede y el nombramiento del Cardinalis Patronus. Prescribe además (art.12) que: “el Gran Maestre es el Jefe Supremo de la Orden. A él le corresponden prerrogativas especiales y honores soberanos según las normas en vigor”.

En definitiva, la situación actual no es distinta -en derecho- de la que se ha consolidado históricamente, de manera que no puede afirmarse la inexistencia de una esfera de autodeterminación de la Orden en sus relaciones con los Estados, ni puede afirmarse el derecho de injerencia de la Santa Sede en los asuntos internacionales de carácter institucional, porque la protección acordada por la Santa Sede a la Orden no significa protectorado, ni puede hablarse de vasallaje.

La distinción entre diplomacia vaticana y diplomacia de la Orden es tan neta, que en ninguno de los estados con los cuales la Orden mantiene relaciones diplomáticas, la representación de la Orden es confiada a las Nunciaturas Apostólicas. La Santa Sede no interviene en modo alguno en las convenciones internacionales de la Orden.

Desde el punto de vista de la organización interna, no existe interferencia alguna de la Santa Sede en las elecciones y nombramientos a los cargos de la Orden, salvo la necesidad, en algunos casos, de la dispensa canónica para el nombramiento de caballeros no profesos a cargos para los cuales la Constitución de la Orden requiere calidad de profeso. Reitero que el Príncipe y Gran Maestre es también jefe de una orden religiosa y en tal calidad, su elección debe ser confirmada por la Sede Apostólica.

Como orden religiosa, caballeresca, militar y nobiliaria, es la única reconocida por la Santa Sede como tal, y el Vaticano no permite que ninguna otra orden por él reconocida  pueda definirse como militar, reservando este término a la Soberana Orden Militar de Malta. En 1930, tras una controversia surgida entre la Soberana Orden Militar de Malta y la del Santo Sepulcro, el papa Pío XI creó para su resolución una comisión de cardenales, cuya decisión fue recogida en el “Acta Apostolicae Sedís” de septiembre de 1931, y que declaró abrogados todos los documentos pontificios anteriores a Pío IX que se hubieran dado a favor de la Orden del Santo Sepulcro. En dicho documento se establece, entre otras cosas, que al nombre oficial de Orden de Caballería del Santo Sepulcro, se le añada de Jerusalén, quedando el nombre oficial de la Orden como “Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén”, prohibiendo la utilización de los atributos de sagrada y militar, utilizados ilegalmente hasta ese momento por algunos Capítulos de esa orden, y declarando que la única orden militar que existe y existirá para la Santa Sede es la Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.

La Orden de Malta, en los límites que son compatibles con su actual posición de sujeto privado de territorio es, en la comunidad internacional, un ente soberano a la par de los estados y el Príncipe Gran Maestre es equiparable, desde el punto de vista del derecho internacional, a los jefes de estado. La existencia de un ordenamiento jurídico originario a carácter no estatal,  la soberanía que ejerce como instrumento para realizar las finalidades religiosas y humanitarias de la Orden,  la existencia de una norma internacional de ius singular que atribuye la soberanía a la Orden como sujeto internacional sui generis, explican por si mismas, su existencia como sujeto de derecho internacional.

Relaciones con las organizaciones internacionales.

Las relaciones de la Orden de Malta con las organizaciones internacionales, comienzan con el apogeo de estás como entes jurídicos de derecho internacional, reconocidas por los estados como organismos supranacionales con personalidad jurídica propia. Entre los innumerables, tratados, convenciones y acuerdos firmados por la Orden con otros estados y organizaciones intergubernamentales de derecho público internacional únicamente voy a hacer mención la relación entre la O.N.U. y la Soberana Orden Militar de Malta, como observador permanente.

El 16 de febrero de 1983 se instituye la Delegación permanente de la Soberana Orden Militar de Malta, ante las Conferencias Internacionales de la O.N.U con sede en Viena. La Delegación estaba encabezada por un observador delegado con rango de ministro plenipotenciario. La Asamblea General de la O.N.U  tomó la resolución, con fecha 24 de agosto de 1994, de invitar a la Soberana Orden de Malta a participar en sus períodos de sesiones y trabajos en calidad de observador. La propuesta fue patrocinada por 71 países y aprobada sin necesidad de votación.

La Orden aceptó la invitación de la O.N.U. y nombró un representante, con rango de embajador, que tomó posesión el 26 de septiembre del mismo año de 1994, fecha de apertura de la  sesión del alto organismo. El representante de la Santa Sede propuso que, aparte de la O.N.U, también la Orden de Malta fuese considerada substituto de “potencia protectora”. Así lo entendieron también otros estados, que propusieron que se cambiase la palabra “el substituto” por “los substitutos”, enmienda número 80 del documento resultante de la Conferencia Diplomática sobre Derecho Internacional Humanitario aplicable en los conflictos armados. El representante de la Orden aprovechó en dicha conferencia para reiterar la multisecular subjetividad internacional de la Orden dotada de soberanía funcional y de derecho de legación, con la posibilidad de actuar de manera supranacional. Asimismo afirmó que la Orden se inspira en los mismos principios que el C.I.C.R., es decir,  la independencia y la neutralidad total así como la igualdad de trato a los necesitados, sin distinción de raza, religión, lugar o condición.

Si bien esa propuesta supuso un importante reconocimiento internacional a la inmensa labor desempeñada por la Orden, la misma no podía satisfacer por completo sus expectativas reclamándose soberana. En el anejo que acompañaba a la petición de los países miembros de Naciones Unidas se hablaba no obstante, de un “reconocimiento de su soberanía absoluta como miembro en pie de igualdad de la comunidad internacional por parte de 64 estados miembros de las Naciones Unidas”.

En él se destaca también: “los miembros de la Orden son ciudadanos leales de sus países respectivos; esa lealtad no queda comprometida por el hecho que formen parte de la Orden, lo cual constituye un honor supranacional suplementario”.

Símbolos de la Orden como estado, como orden religiosa y hospitalaria.

A tenor de todo lo expuesto, la personalidad jurídica de la Orden como sujeto de derecho internacional queda demostrada con las relaciones bilaterales y multilaterales que mantiene, las cuales le confieren el carácter único que en el ámbito del derecho internacional tiene la Orden, por su singularidad y antigüedad.  Pero La Orden de Malta, como todo estado soberano, y para demostrar su soberanía, además de los requisitos que reúne para ser considerado un estado por la comunidad internacional tiene símbolos multiseculares que le representan y le identifican, como cualquier otro estado soberano.

La Soberana Orden Militar de Malta, posee una bandera de estado, que representa su soberanía, esta  bandera es roja rectangular con la cruz latina blanca Es la enseña más antigua del mundo que sigue utilizándose. Llamada la bandera de San Juan, ha sido utilizada desde la antigüedad. En su “Historia de la Orden” (1589), Giuseppe Bosio deja constancia de que en 1130, el papa Inocencio II decretó que “… la religión en guerra debe portar un estandarte con una cruz blanca sobre fondo rojo…”.

La Orden empezó a utilizar sistemáticamente la cruz latina como emblema desde ese momento, ininterrumpidamente. En 1291, la Orden abandonó Tierra Santa para instalarse en Chipre, donde floreció su vocación marinera; a partir de entonces y durante seis siglos, el estandarte de los caballeros ondeó sobre sus naves. Hoy en día, la bandera del estado ondea sobre el Palacio Magistral de la Orden en Roma y acompaña al Gran Maestre y a los miembros del Soberano Consejo en sus visitas oficiales.

Como orden religiosa católica, la cuarta orden religiosa más antigua de la Iglesia Católica, la Orden posee una bandera de religión distinta a la de estado de la Orden. La bandera roja con la cruz blanca octogonal es la bandera de religión de la Orden. La utilización de la cruz octogonal por la Orden se remonta a la misma época que la cruz latina, y procede de los antiguos lazos de la Orden con la República de Amalfi. Su forma actual fue determinada hace 400 años; la primera referencia clara a una cruz octogonal fue su representación en las monedas del gran maestre Fulco de Villaret (1305-1319).

Esta es la bandera que ondea en los grandes prioratos y subprioratos de la Orden, en sus  asociaciones nacionales y sus misiones diplomáticas en todo el mundo. También ondea sobre hospitales, centros médicos y ambulatorios, así como en cualquier lugar donde trabajen los cuerpos de emergencia, las fundaciones y las unidades especiales de la Orden de Malta.

Como jefe de estado, el Gran Maestre de la Orden utiliza una bandera roja con la cruz blanca octogonal rodeada por el collar y encabezada por una corona. Esta es la bandera personal del Gran Maestre. Ondea sobre el Palacio Magistral y otras sedes magistrales de la Orden cuando él se encuentra en su interior.

Como cualquier Estado, y para representar el lema de su carisma, la Orden tiene un escudo donde se reúne simbólicamente toda su historia religiosa y militar. El escudo de la Orden muestra, sobre la cruz octogonal, la cruz latina sobre fondo oval rojo rodeada por un rosario y, sobre él, el manto de príncipe presidido por una corona (de conformidad con el artículo 6 de la Carta Constitucional de la Orden. Es el emblema del Gran Magisterio de la Orden Soberana y sus instituciones: los grandes prioratos, los subprioratos, las asociaciones nacionales y las misiones diplomáticas.

Como orden hospitalaria, la Orden posee un emblema para sus obras asistenciales. Todo el personal que trabaja en labores  hospitalarias representando a la Orden, luce en emblema en sus uniformes. Este emblema es el símbolo de las actividades médicas y humanitarias de la Orden de Malta en el mundo. Es un blasón rojo con una cruz blanca octogonal (de conformidad con el artículo 242 del Código de la Orden).

Denominaciones de la Orden a los largo de su historia.

A través de la dilatada historia la Orden,  ha sido conocida con distintos nombres. Sin exhaustividad: Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta (actualmente y en español), Sovrano Militare Ordine Ospedaliero di San Giovanni di Gerusalemme detto di Rodi detto di Malta (actualmente y en italiano, como lengua oficial de la Orden), Sovrano Militare Ordine Gerosolimitano di Malta (1951), Sacra Religione e illustre Milizia di S. Giovanni Gerosolimitano (1602), Sacra Religione Militare di S. Giovanni Gerosolimitano, detta di Malta (1703), Sacro Militare Ordine Gerosolimitano, oggi di Malta (1737), Ordre des Hospitaliers de St. Jean de Jérusalem (1901), Ordre Souverain des Hospitaliers (1926), Sovrano Militare Ordine di Malta (1927), Fratres Hospitalis S. Joannis del Xenodochium Hierosolymitanum (1113), Fratres Hospitalarii, Ordo Fratrum Hospitalis S. Ioannis Hierosolymitani (Bonifacio VIII), Cavalieri di S. Giovanni d’Acri (1187), Militia Rodiensis Hospitalis S. Ioannis (1307), Religione e Ordine di S. Giovanni Gerosolimitano (1530), Ordine di San Giovanni di Gerusalemme (1802), Equestris Ordo Melitensis, Militia Melitensis, Cavalieri di Malta, Sacro Militare Ordine Gerosolimitano (S.M.O.G.) y Sacro Militare Ordine di Malta (S.M.O.M), Sacro Militare Ordine Gerosolimitano di Malta (1955), Fratres Hospitalarii S. Ioannis (1955), Fratres Xenodochii Hierosolymitani (1955), Cavalieri di Rodi (1955), Ordine di San Giovanni (1865), Religio Hierosolymitana (1955), Religio S. Joannis Hierosolymitani (De Luca), Militia S. Joannis Hierosolymitani (De Luca), Milites Hierosolymitani (Petra), Ordo S. Joannis Hierosolymitani vulgo Equites Melitenses (1908), Hierosolymitani Milites (1890), Souverain Ordre Militaire de Malte (1921), Ordine Gerosolimitano (1929), S.M.O. Gerosolimitano, detto di Malta (1936), además de Orden de Malta o Caballeros de Malta.

Espero que este pequeño trabajo de aproximación al conocimiento de la Soberana Orden Militar de Malta como sujeto de derecho internacional, acerque a todos los  lectores del mismo al conocimiento de esta Orden religiosa y militar tan singular, que ha sobrevivido desde las lejanas cruzadas a nuestros días, adaptándose a los tiempos pero manteniendo su carisma original, lo que le ha llevado a que no sólo haya resistido el paso de los siglos, sino que ahora sea una joven y pujante Orden religiosa y hospitalaria donde caballeros y voluntarios encuentran la perfección de la vida cristiana entorno a su carisma religioso: “Tuitio Fidei, Obsequium Pauperum”.

Laus Deo

 

Bibliografía de “La Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Sujeto de Derecho Internacional”:

(Libro escrito por H. J. A. Sire “The Knigths of Malta”, Yale University Press, Nex Haven and London 1996).

(Actas del Primer Simposio Histórico de la Orden de San Juan en España, editado por la Diputación Provincial de Toledo y la Soberana Orden Militar de Malta 2003).

(Libro escrito por Alfred Verdrodd “Derecho Internacional Público, Madrid, 1976. Bibilioteca Jurídica Aguilar).

(Libro del prof y abogado Francesco Gazzoni intitulado: “L’Ordine di Malta”, Milán, 1979).

  • Pecchioli: “Storia dei Cavalieri di Malta”, Editalia, Roma, 1978).

(“Anuario” 2018/2019, Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalem de Rodas y de Malta, Roma).

(“Diritto Internacionale Pubblico”. Sesta Ediciones Rifota, Milano, 1952. Autor Balladore Pallieri).

(“Los sujetos del Derecho Internacional actual”, Madrid, 1984, editorial Tecnos. Autor Julio Barberis).

(“Ius Melitense. Elementos Jurídicos Institucionales de la Orden de Malta”, REDI, 1969, vol XXII. Autor Aldo Armando Cocca).

(“La Soberana Orden Militar de Malta. Sujeto de Derecho Internacional”, Granada, 1986. Autor Fernández-Canivell y Toro).

(“L´Ordine di Malta”, Milano, 1979. Autor F. Gazzoni). (“Considerazioni sulla sobrana dell´Ordine Gerosolimitano di Malta, Roma. Autor Ricardo Monaco).

(“Il Fundamento giuridico e storico Della sovranitá dell¨Ordine Gerosolimitano de Malta”, Roma, 1974. Autor Aldo Pezzana).

( “Manual” de la I.S. Orden de Malta. Madrid, 1947. Con Nihil Obstat de D. Juan Sebastián, dado en Madrid, en fecha de 16 de junio de 1947 y V.B. con orden de Impresión de Casimiro Ob. Aux. y Vic. Gral. de Madrid, edición limitada de 600 ejemplares. Impreso en Zaragoza, en los talleres de Octavio y Flez el 24 de junio de 1947).

(“Breve Historial de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén”, Barcelona 1967).

(“Los buques hospitales de la Orden de Malta. Pasado, presente y futuro” Manuel Gracia Rivas. Coronel médico.

 

 

 

 

 

 

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