¿Qué cualidades debe tener el abogado cuando trabaja en el despacho?

Si nos preguntaran cómo es la jornada de un abogado, la respuesta no sería sencilla, pues no existe uniformidad en las tareas que realizamos, sino que difieren debido a múltiples factores que van desde el tipo de actividad que desarrollamos (consejo legal, negociación o defensa en juicio), especialidad (penal, civil, laboral, etc.), sector de actividad (bancario, seguros, minero, etc.), tipo y dimensión del despacho, y un largo etcétera. Ahora bien, si estas actividades tienen algo en común, es que para la efectiva realización de las mismas el abogado debe desarrollar, al menos durante un tiempo, su prestación en el despacho. Dicho de otra forma, si bien muchas de las actividades requieren “la salida al exterior”, lo cierto es que éstas se fraguan a fuego lento en el interior de nuestras oficinas.

Por Oscar Fernández de León. Socio Director de Leónarte Abogados
Con estos antecedentes, hoy vamos a centrarnos en examinar las cualidades que debe disponer el abogado cuando desarrolla su actividad en el interior del despacho, es decir, aquellas que adornan al profesional y que le permiten ser eficaz, eficiente y productivo mientras permanece en su despacho. Para ello, comenzaremos por describir las acciones más habituales que el abogado lleva a cabo en el despacho para, posteriormente, reseñar aquellos atributos o cualidades más representativas del mismo.
Planificación
Lo primero que debe hacer un abogado al comenzar la jornada de trabajo es planificar. La planificación de las actividades diarias es un componente esencial de nuestro trabajo, ya que son tantas y diversas las actividades a realizar durante la jornada, sin olvidar los imprevistos, que una organización de las mismas con criterios de prioridad y asignación de tiempos es esencial. La planificación anticipada de las tareas a realizar a corto plazo es fundamental para disponer de un itinerario de actividades para el aprovechamiento del tiempo.
Estudio
El estudio es otra actividad obligada para todos los abogados que suele formar parte de nuestra jornada diaria, salvo que otras tareas nos impidan centrarnos en la misma. Como profesionales que somos, estamos obligados literalmente a actualizar nuestros conocimientos técnicos, conocimientos de las normas de derecho existente (derecho positivo, doctrina y jurisprudencia) y preparación y estudio eficaz del asunto encomendado, que incluye el análisis de los hechos, la aplicación adecuada del derecho y el empleo correcto de los procedimientos necesarios para la resolución del caso.
Redacción
Por otro lado, todo abogado tiene que dedicar un tiempo importante de su jornada escribiendo. Efectivamente, la tarea de escribir es fundamental para el desarrollo de nuestra actividad, puesto que junto a la exposición oratoria que hacemos cuando actuamos en sala, la presentación de documentos escritos, tanto procesales como ajenos al proceso, constituye la forma principal de materialización de nuestro trabajo. Sin la escritura no podríamos redactar contratos, cartas, informes, dictámenes y todo tipo de escritos judiciales. Y cuando hablamos de escribir, nos referimos a escribir bien, en un excelente nivel sintáctico y semántico. Hemos de tener en cuenta que nuestros escritos van destinados a terceros pretendiendo lograr un efecto determinado en defensa de los intereses de nuestro cliente, por lo que cualquier escritura errónea, farragosa o confusa podrá dar al traste con nuestras pretensiones.
Estudio
Un aspecto esencial de nuestra actividad diaria consiste en examinar la documentación entrante (que con el tiempo llega ser mucha) procedente tanto del correo ordinario y electrónico (clientes, otros abogados, etc.), como de los procuradores o del juzgado directamente. La importancia de esta actividad es absoluta, ya que los abogados estamos sometidos a la esclavitud de los plazos, de modo que diariamente hay que examinar la documentación entrante con el fin de conocer y anotar con precisión los señalamientos de actos judiciales y los plazos para la presentación de determinado escrito (una contestación a una demanda, un recurso, etc.).
Reuniones de trabajo
Otra actividad muy habitual en nuestra jornada lo constituyen las reuniones de trabajo, las cuales constituyen un instrumento de gestión y organización necesario para el eficaz desenvolvimiento de nuestra actividad y para el mejor funcionamiento del despacho de abogados. Diariamente, los abogados nos reunimos con nuestros compañeros de despacho, con los clientes, con otros compañeros y profesionales, hasta el punto de que sería imposible el desarrollo de nuestra actividad sin las reuniones. Por lo tanto, tenemos que asumir que las reuniones son parte de nuestra actividad. Si bien las reuniones con los clientes han sido las más representativas en nuestro sector, lo cierto es que la mercantilización de los despachos ha supuesto la introducción, como una práctica absolutamente normal, de otros tipos de reunión basadas en una gestión eficaz del despacho (reuniones de coordinación entre todos los miembros del despacho, equipos de trabajo, económicas-financieras, etc.). Por tanto, es muy conveniente que el abogado aprenda y domine las técnicas de gestión de reuniones, pues en la medida que lo consiga, podrá beneficiarse de los aspectos positivos que entrañan las mismas.
Capacidad de gestión
Finalmente, si el abogado trabaja en un despacho pequeño o mediano, es probable que tenga algún tipo de participación en la titularidad del mismo, por lo que su jornada de trabajo se verá afectada ineludiblemente por la realización de la actividad de gestión, tarea que busca la mejorar la eficiencia, productividad y por ende la competitividad del despacho, considerado éste como empresa o negocio. Para ello, el abogado tendrá que emplear las herramientas y técnicas de la planificación (fijación de la estrategia de la empresa), organización (asignación de recursos para cumplir los objetivos), liderazgo (estimulación de los componentes del despacho para el logro de los objetivos), dirección y control de los recursos (humanos, financieros, materiales, tecnológicos, del conocimiento, etc., con el fin de obtener el máximo beneficio posible), asegurando con ello la viabilidad de la empresa en el largo plazo.
Por lo tanto, como hemos podido comprobar, las actividades que desarrolla el abogado en el interior del despacho son numerosas y diferentes, por lo que para ejecutarlas de forma eficiente será conveniente fortalecer una serie de cualidades que a continuación pasamos a exponer. No obstante, hemos de realizar una precisión; que nadie se engañe, es muy difícil encontrar a un abogado que esté revestido de todas estas cualidades, pues sería un “superabogado”. No obstante, alcanzar estas habilidades es a lo que hemos de aspirar en uno u otro nivel, siempre buscando nuestra mejora y crecimiento.
Organización:   Organizar consiste en ordenar y coordinar los   recursos humanos, financie­ros, físicos y otros que son necesarios para   alcanzar los objetivos profesionales, creando las condiciones   para que las personas y las cosas trabajen de forma armoniosa y orientada a   alcan­zar los mejores resultados posibles. Ser un abogado organizado va a   afectar directamente a áreas como la gestión del tiempo, la adecuada   planificación, la organización de archivos, todos los aspectos relativos a la   preparación de actos judiciales (audiencias, juicios, declaraciones, etc.),   las finanzas, y, cómo no, a nuestra productividad, pues si entre los frutos   de ser organizado destaca alguno, éste es la mayor eficacia y productividad   de nuestra actuación.
Capacidad técnica: La   competencia técnica, elemento esencial en la relación, viene integrada por un   conjunto de técnicas y conocimientos   que son necesarios para que el asunto que el cliente pone en nuestras manos   llegue a buen puerto. Podemos considerar como elementos que integran la competencia profesional de un abogado   los siguientes:
–            Conocimiento de las normas de derecho existente (derecho positivo, doctrina y jurisprudencia).
–            Actualización permanente en el   conocimiento de las normas de derecho existente.
–            Preparación y estudio eficaz del asunto encomendado, que incluye el análisis de los hechos, la aplicación   adecuada del derecho y el empleo correcto de los procedimientos necesarios   para la resolución del caso.
–            Capacidad de captar el problema jurídico que implica una situación controvertida.
–            Habilidad para defender los   intereses del cliente.
Como vemos, los elementos que integran la   competencia de un profesional requieren no sólo unos conocimientos, sino igualmente la capacidad para, a través   del estudio y la formación, mantenerse al día en los cambios que   continuamente se producen en la normativa y jurisprudencia.
Perseverancia:  La   perseverancia o constancia es la habilidad que nos lleva a que una vez tomada   una determinación o decisión concreta, se lleve a cabo lo necesario para   alcanzar las metas, aunque surjan dificultades externas o internas o   disminuya la motivación personal, gracias a un esfuerzo continuado para pasar   a la acción venciendo las dificultades y venciéndonos a nosotros mismos. La   constancia, al igual que la fortaleza, es una virtud imprescindible para   nuestra profesión, ya que la voluntad perseverante es necesaria en el estudio   y preparación de los asuntos. Si conseguimos adquirir retos concretos y   cumplirlos en el momento adecuado; si terminamos lo que empezamos tal y como   habíamos previsto; si no nos desalentamos ante las adversidades; si   aprendemos a esperar y mantener el esfuerzo de principio a fin, qué duda cabe   que habremos desarrollado una habilidad esencial para cumplir con nuestros   sueños.
Autocontrol: Durante la actividad de despacho   los abogados trabajan en un contexto muy exigente en el que necesariamente   estarán sometidos a presiones y situaciones que demanden su atención para ser   más eficaces, lo que exige que en estas fases se piense con claridad y con la   debida concentración. Por ello es fundamental disponer de autocontrol para   gobernar adecuadamente sus sentimientos, impulsos y emociones, lo que les   ayudará a mantenerse más equilibrados e imperturbables en los momentos más   críticos.
Responsabilidad:   Entendida como integridad,   supone que los profesionales cumplen con sus compromisos y promesas,   responsabilizándose de sus objetivos, siendo organizados y cuidadosos en su   trabajo. Por ello, y dada la estrecha vinculación del trabajo del abogado en   el despacho con el cumplimiento permanente de diversas actividades tanto   organizacionales como de servicio a los clientes, la responsabilidad   constituye una competencia imprescindible.
Motivación   de logro: Los   profesionales orientados al logro poseen una motivación muy fuerte para   cumplir con sus objetivos, no vacilando en asumir desafíos y riesgos   calculados, lo que los ayuda a mejorar en su desempeño. Debido a la   complejidad y exigencia ya apuntada, el abogado deberá estar necesariamente   dotado de esta competencia.
Compromiso: Fundamental para cualquier   profesional que presta sus servicios en un despacho de abogados, dado que la   sintonización con los objetivos de la organización, asumiendo la visión y   objetivos de la misma, es un punto de partida imprescindible para realizar   una labor que exigirá del profesional su entrega y sacrificio en aras del   objetivo superior del despacho.
Iniciativa:   Las personas con   iniciativa aprovechan las oportunidades, persiguen los objetivos más allá de   lo que se espera de ellas y no dudan en saltarse las rutinas habituales   cuando sea necesario, habilidad ésta muy demandada en cualquier  despacho de abogados, pues precisamente su   trabajo conlleva un componente de anticipación, capacidad de respuesta e innovación   ineludible.
Adaptabilidad e Innovación:   Estas competencias representan   flexibilidad, adaptación y capacidad de respuesta a las circunstancias   cambiantes (adaptabilidad) y búsqueda y aportación de nuevas ideas y   soluciones originales a los problemas (innovación). La actividad de los despachos   de abogados constituye un campo sometido a un constante cambio y evolución,   impulsado por el constante desarrollo tecnológico en el que el cambio siempre   está presente. Fruto de este factor,    el abogado debe sentirse cómodo y abierto ante las nuevas ideas,   enfoques e información, siendo la curiosidad y el deseo continuo de aprender   e innovar una cualidad ineludible.
Empatía: Los   profesionales dotados de esta competencia permanecen atentos a las señales   emocionales y saben escuchar, lo que los hace sensibles y con capacidad de   comprender los puntos de vistas de los demás y, en consecuencia, podrán   ayudarlos sobre la base de la comprensión de sus necesidades. En un entorno   en el que la interacción humana es continua y en el que las demandas de trabajo   suelen estar revestidas de cierta presión, el comprender y entender   emocionalmente al otro, sea colega de trabajo o cliente,  es vital.
Comunicación: Esta   competencia puede definirse como la capacidad de escuchar abiertamente y   mandar mensajes convincentes, lo que permite abordar abiertamente cuestiones   complejas, compartir la información y alentar una comunicación sincera y   honesta. Imprescindible en todo despacho de abogados, la capacidad   comunicativa de la escucha obligará al abogado a estar al día de los cambios   y tendencias del sector y del mercado y, en última instancia, de lo que se   cuece en el despacho. Incluiríamos en esta cualidad una exquisita capacidad   de redacción escrita.
Colaboración y cooperación: Estas dos   competencias en una, pueden definirse como el trabajar con los demás en la   consecución de objetivos compartidos, competencia que define al abogado, pues   colaborar y compartir planes, información y recursos es parte esencial de la   abogacía. Como valor añadido, la colaboración y la cooperación propician un   clima de amistad y camaradería muy valioso para el despacho.
Dominio   de las nuevas tecnologías: Last but   not least. Desde   una perspectiva profesional, no cabe duda que el uso de los recursos que nos   proporcionan las TIC supone un factor esencial para el cambio, desarrollo y   crecimiento de los despachos, constituyendo verdaderas herramientas de mejora   de la eficacia, eficiencia y productividad, con las ventajas que todo ello   conlleva. Por lo tanto, la adaptación del abogado a las TIC es algo evidente   e inevitable, siendo necesario que los profesionales avancemos paralelamente   con la tecnología y con los cambios que ésta está representando. Esta   habilidad estaría integrada por conocimientos tecnológicos, de funcionamiento   de las redes sociales, ciberseguridad, comunicación digital y profesionalidad   digital (empatía, simpatía, proactividad, escucha, seriedad, honestidad, solidaridad).