El Tribunal Supremo ha rebajado de seis a cuatro años las penas de cárcel impuestas al matrimonio compuesto por Jesús V.R. y MarÃa Concepción M.P, propietario del bar "Taiga", que fue condenado a finales de 2011 por la Audiencia de Valladolid por un delito de tráfico de drogas practicado desde su establecimiento hostelero.
Aunque la defensa habÃa interesado un fallo absolutorio y el fiscal siete años de cárcel para cada uno de ellos y multas de 2.600 euros, la Audiencia de Valladolid resolvió entonces imponerles seis años de privación de libertad, penas ahora rebajadas a cuatro por el Supremo, que ha estimado asà parcialmente el recurso interpuesto por su defensa, ejercida por el letrado Javier González Clouté, según informaron fuentes jurÃdicas.
La condena se basó entonces en el testimonio de los agentes que participaron en la operación, fundamentalmente en el ofrecido en el juicio por el jefe del Grupo de Menudeo e instructor de las diligencias, quien advirtió de que en los siete años que lleva trabajando en Valladolid era la primera vez que veÃa gramos de cocaÃna anudados con el propio envoltorio utilizado para confeccionar la papelina.
"El modelo utilizado es único y muy difÃcil de imitar", precisó el funcionario, cuyo testimonio constituyó la principal prueba incriminatoria, ya que tanto las 17 papelinas intervenidas en el interior de una cazuela situada en la cocina del bar "Taiga", sito en la calle PoesÃas, en el barrio de La Rondilla, como la ocupada el 28 de marzo de 2011 a un toxicómano al que la policÃa sorprendió nada más salir del local tenÃan como denominador común ese inconfudible sello de autor.
El titular del negocio, Jesús V.R, de 57 años, alegó que debido a las malas relaciones que mantenÃa con su esposa, de 59, apenas iba por el domicilio conyugal y utilizaba el bar como morada, bien durmiendo en una minúscula cocina o bien en el almacén contiguo, y que por tal motivo ocultaba allà la cocaÃna para su propio consumo, dada la adicción a dicha sustancia que tenÃa desde hacÃa años.
El hostelero aseguró además que su pareja tan sólo acudÃa al bar para hacerle la comida, sin tener conocimiento alguno de la existencia de la droga, y sostuvo que de los más de 2.000 euros que obtenÃa como ingresos cada mes le quedaban únicamente limpios unos 600, tras pagar a los proveedores, la hipoteca de la vivienda y sufragar su vicio, que, según apuntó, le generaba un gasto mensual de unos 500 euros.











